
Esta invitación, que el Concilio Vaticano II realizó en forma de exhortación (SC 100), ha sido acogida, gracias a Dios, por muchos cristianos individualmente o en familia, y también por no pocos movimientos y grupos de laicos.
El amor que nos tuvo y tiene me espanta a mí más y me desatina, siendo los que somos; que teniéndole, ya entiendo que no hay encarecimiento de palabras con que nos le muestre, que no le haya mostrado más con obras; sino, cuando lleguéis aquí, por amor de mí os ruego que os detengáis un poco pensando en lo que nos ha mostrado y lo que ha hecho por nosotras, viendo claro que amor tan poderoso y fuerte que tanto le hizo padecer ¿con qué palabras se pueda mostrar que nos espanten?
Me detengo. Y pienso que hoy es el día EXACTO para hablar de la alegría. Porque el gozo que van a pregonar estas páginas que siguen no es el que se experimenta porque las cosas vayan bien, sino el que no cesa de brotar "a pesar de que" las cosas vayan cuesta arriba. (No quiero decir mal.) Este es, me parece, el sentido de la bienaventuranza cristiana: no se promete en ella la felicidad a los pobres porque vayan a dejar de serlo, ni a los que tienen hambre porque ya está llegando alguien con un bocadillo. El gozo que allí se promete es aquel en el que las razones para la alegría son más fuertes que las razones para la tristeza, no el gozo que proporcionan la morfina o la siesta.
Lo Que Yo No Sabía recoge con asombro algunas de las grandes verdades que cambiaron la vida de un joven que habiendo recibido la más esmerada educación religiosa, aún auniversitario, llegó a los treinta años de edad y al borde del precipicio sin conocer lo verdaderamente fundamental de su fe. Su encuentro con Jesucristo en 1965 daría un nuevo sentido a su vida y una nueva dimensión a su fe.
Las Moradas del Castillo Interior (o más simplemente: Las Moradas) es el último libro que escribió Santa Teresa de Jesús . Según muchos, su mejor obra; y una de las cumbres de la mística cristiana y de la prosa española del Siglo de Oro. Las Moradas son una alegoría de los grados de la vida espiritual, yendo desde la ascética hasta la mística. Una doctrina segura, vivida; y en la pluma de Teresa. Para no olvidar que sabiduría, felicidad y santidad van juntas.
La mitad del volumen del R. P. Bruckberger está consagrado a las jornadas decisivas de la Semana Santa, que igual merecía llamarse la "Semana terrible", porque en ella hubo un vuelco total, desde el triunfo del domingo de Ramos a la tragedia de la Pasión. El programa de esos capítulos se propone en términos que conviene citar: "Diré que quiso libremente morir de mala muerte; diré por qué quiso morir así. Diré que quisieron matarle, que por fin le mataron; diré que quisieron que muriera con la muerte de los esclavos rebeldes, con la muerte de los blasfemos. Diré por qué le quisieron matar así. Diré cómo se produjo todo eso, y que, en el punto en que estaban las cosas entre sus adversarios y él, era difícil que fuera de otro modo."
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