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El Legado de los Abuelos PDF Imprimir E-Mail

UNA MARCA INDELEBLE (Tomado de la revista Misión)

 

Cuando los nietos son pequeños, los abuelos los llevan de paseo al parque y,  poco a poco, les van entregando esos tesoros que han guardado para ellos durante años. Cuando crecen, tienen la voz de la oportunidad; el consejo indicado para cada momento crucial. Así son los abuelos: observadores del tiempo a una velocidad distinta. Con su presencia –muchas veces silenciosa- van tejiendo las líneas que quedan sueltas en la vida de sus nietos. ¿Qué es lo que tienen ellos que no se puede encontrar en ningún otro lugar?

 

El 70 por ciento de las abuelas de más de 65 años han cuidado o cuidan a sus nietos mientras los padres trabajan, según un estudio del Instituto de Mayores y Servicios Sociales del Gobierno de España publicado en 2007. De ellas, un 44 por ciento se ocupa de sus nietos a diario y el 30 por ciento varias veces a la semana. No es una novedad. Sabemos que las abuelas –y los abuelos- facilitan hoy en día la difícil labor de muchas madres jóvenes-también de los padres-para conciliar familia y trabajo fuera de casa. Pero ¿qué pueden dar los abuelos a sus nietos, más allá de los cuidados materiales?

 

Para los abuelos, pasar tiempo con sus nietos es una fuente de alegría: “Mis nietos son lo más importante para mí”, afirma Encarnita, abuela de siete niños. Pilar, con nietos entre los dos y catorce años, dice que de ellos solo se lleva la mejor parte: “Con los nietos uno delega la responsabilidad en los padres. Entonces es muy agradable; uno juega con ellos, los cuida, y luego se van a su casa”. Pero mientras dan toneladas de amor, los abuelos también ayudan a formar. Al conversar un poco más con Pilar, ella misma se da cuenta de que hace mucho más que disfrutar: “No puedo ser como las abuelas que maleducan. Si me toca corregir, corrijo. De lo contrario, iría contra mis principios”.

 

Al disfrutar y al corregir, los abuelos van dejando su sello. Liliana, abuela de cinco niños entre los cuatro y los dieciocho años, comenta que los abuelos son como un cojín en el que se apoyan los nietos para desarrollar su afectividad, pues el amor abuelos-nietos se expresa con grandes dosis de cariño: “Aún cuando uno procura no maleducarlos, uno es más complaciente con ellos de lo que era con los hijos. Pero los abuelos no podemos dedicarnos a maleducar a los nietos porque los perjudicamos. Tenemos que secundar las pautas educativas de los padres”. Dar grandes dosis de amor y reforzar los objetivos educativos que se han fijado los padres, son dos de las palancas que los abuelos mueven para apoyar la educación de sus nietos.

 

La acción de los abuelos

Oliveros F. Otero y José Altarejos, autores del libro los abuelos jóvenes, afirman que a los abuelos no les corresponde la acción educativa sino la acción cultural. Explican que su misión primordial no es educar pero sí apoyar la acción educativa mediante lo que ellos denominan la“acción cultural”. Esa acción consiste, según los autores, en pasar las herencias espirituales y culturales, recibidas de los mayores. Para María, de79 años, no hay misterio, se trata de que los abuelos le den a los nietos lo que son, sin necesidad de exagerar o hacer comedia: “Cuando los abuelos transmitimos algo –explica-jugamos con ventaja. Lo que les vamos dando, pasa a los nietos como por ósmosis, sin que hagamos mucho esfuerzo. Con los años me he dado cuenta de que es así porque recibo emails de mis nietos mayores y se acuerdan de la casa de sus abuelos, de todo el ambiente, de las cosas que hacíamos con ellos, con una emoción tan grande que uno no sabía que lo estaba transmitiendo. Yo los veía llegar a comer y no notaba lo que disfrutaban”.

 

Para Roberto, la acción cultural también implica comunicarle a los nietos la información que él tiene sobre los bisabuelos y los antepasados de la familia: “Quiero preservar la historia de la familia para que mis nietos sepan a qué familia pertenecen. Aunque ahora no tengan esa curiosidad, cuando sean mayores sí querrán saber. Yo me he dedicado a investigar y he llenado 10 cuadernos con anécdotas. Y, poco a poco, se las voy contando”.

 La herencia más valiosa

Cada abuelo tiene un legado que quiere dejar a sus nietos. Algunos dejan huella a través de sus propios hijos, como Carmen: “Cuando veo cosas que no van bien, hablo con mi hijo y le hago caer en la cuenta. Nunca lo desautorizo delante de su esposa o de los niños, pero no quiero dejar de decir lo que pienso y callar por comodidad”. El aporte de Mario consiste en leer con los niños y seleccionar vídeos para mostrarles cuando vienen a su casa: “Con mis nietos leemos los clásicos infantiles y vemos vídeos escogidos de parábolas del Evangelio que a ellos les encantan”. Lola quiere dejarles lo que es más importante para ella: su fe. “Me gustaría que mis nietos participaran de mi relación con Dios que es para mí una fuente de felicidad muy grande. Ésa es la mejor herencia que les podría dejar”.

 

Carmen, Mario y Lola pueden estar seguros: lo que transmitan ahora se quedará grabado muy hondo en sus nietos. Alicia, de 24 años, nos cuenta que ella no para de recordar todo lo que recibió de sus abuelos: “Las tradiciones de familia, el amor tan grande, y el reunirnos a disfrutar todos juntos”. Dice que de ellos también aprendió lo más importante de su religión porque su abuela las preparó a ella y a sus hermanas para recibir la primera Comunión: “Lo hizo de una manera tan especial que el día de mi Comunión se convirtió en uno de los más recordados de mi vida”. “Pero de mis abuelos también heredé el gusto por el arte y por la lectura tenían la biblioteca más completa que he visto- ”, añade.


Miguel, está también agradecido con sus abuelos, y el día de su 45 aniversario de matrimonio les envió una carta: “Sois el ejemplo perfecto de lo que es un matrimonio y una entrega total. Hasta el final, hasta el final. Gracias abuelos, personalidades fantásticas. Poetas y escritores de la verdad. Formadores de la juventud. Testigos de fe. Ojalá nosotros, la tercera generación, podamos igualar sus logros y hasta superarlos”. Con esta marca tan profunda, muy seguramente el legado pasará también a la próxima generación. 


   

legadoabuelos.jpgLOS ABUELOS SON ASÍ...
Oliveros F. Otero, doctor en Ciencias de la Educación, señala cuatro aspectos que los abuelos aportan a la educación de sus nietos:
- Abren caminos a la imaginación con sus cuentos e historias. Comunican el legado de la familia, a través de los relatos que van surgiendo de tiempos pasados y de las “hazañas” de sus hijos cuando eran pequeños. Al escucharlos, los niños se acercan a sus propios padres de un modo distinto.

- Dan tiempo sin prisas. En su compañía, los nietos se relajan y cuentan sus cosas con la confianza de saberse escuchados; encuentra respuestas maravillosas a sus preguntas y se divierten escuchando sus voces pacientes y cargadas de experiencias.

- Ofrecen mucho cariño, otra clase de cariño, que sirve de campo abonado donde se alimenta el alma del niño, para que broten las virtudes.

- Refuerzan la labor de los padres en la educación en la fe. Con la perspectiva que dan los años, los abuelos son capaces de transmitir las oraciones de siempre y las historias del Evangelio con un sabor distinto.
Modificado el ( miércoles, 17 de junio de 2009 )
 
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